Hoy os traigo el cuento maravilloso que descubrí hace ya muchos años, gracias al 9º concurso de Cuento No-sexista “Rosa Chacel” que organizó la Comunidad de Madrid en 2006. María Pilar Pérez Herrero ganó el primer premio con la historia ¿Tiene Patitas?

Y yo, todos los septiembre que empiezo con un nuevo curso (que suele ser 1º de primaria) se lo leo a mis alumnos y alumnas. Con esto no solo aprendemos que las cosas no tienen patitas y no pueden moverse solas (ideal para buscarle una explicación al echo de que siempre se pierdan las gomas y los lápices por la clase), si no que es muy importante que ayudemos todos a recoger y cuidar las cosas.

Por ello, he pensado, que igual alguno o alguna de vosotras también podrías leerlo en clase, así que aquí os lo dejo ¡Ya me contareis que tal! A mi me lleva funcionando muchos años y sé, que en casa, las familias también agradecen que les cuente este cuento en clase.

CUENTO: ¿TIENE PATITAS?

A lo largo de sus cuatro años de vida, por lo menos una vez al mes, Javier había oído esa enigmática pregunta: ¿Tiene patitas?

La primera vez, Javier, todavía dormía en la cuna porque, aunque él ya tenía edad para dormir en la cama, no había sitio en la habitación de sus hermano mayores. Un día, desde su gran cuna oyó a su madre decirle a Enrique:

-¿Tiene patitas?

“¿Patitas?” -pensó desde su mullida cunita-“¿Quién tiene patitas?”

Saltó rápidamente por los barrotes, justo a tiempo para ver en el cuarto de baño a su hermano mayor, recogiendo la ropa del suelo, con el ceño muy, muy, muy fruncido.

-¿Dónde, dónde, dónde, patitas? -preguntó Javier con lengua de trapo.

-¡Déjame, pequeñajo! -contestó mientras le empujaba hacia un montón de ropa sucia.

“Preguntaré a papá” -dijo muy bajito-. Pero cuando llegaba el momento tenía tantas cosas que contarle, que ésa siempre se le olvidaba. “Haré una lista” -pensó, “como la que hace papá para ir a la compra”.

-¡Este chico crece muy deprisa, Juliana! -gruñía el abuelo hablando con mamá-. Ya es hora de sacarlo de esa cuna y de esos barrotes rosas ¡Se tiene que hacer un hombre!

A Javier no le importaban los barrotes ni que fueran rosas, es más, le gustaban. Le recordaban las nuebes de algodón de la feria.

-Papá, -vovía a preguntar-,¿el rosa es malo? A mí me gusta,pero en el cole dicen que es de chicas.

-No hagas caso, barbián, -contestaba papá-los colores nacen del arco iris. ¿Has visto tu alguna vez a alguien allí separando… chico, azul -chica,rosa -chico, amarillo -chica,blanco? No, ¿verdad? pues hala, ¡a jugar!… y acuérdate, siempre podrás escoger el que más te guste…

Pasó un año, y ¡por fin! Javier y su osito pasaron a una gran cama, al lado del abuelo. -¡Uf, qué bien! -dijo-, ya no se me caen las piernas por los barrotes.

Cuando entraba en su nueva habitación, de repente, volvió a oír a su madre decir: –¿Tiene patitas?

Javier ya casi no se acordaba de la frase. La voz venía del salón. Rápidamente dejó todo y se asomó despacio por la puerta, sigilosamente, para descubrir quién tenía patitas.
Allí estaba su hermano mediano, Esteban, mirando la tele, intentando recoger, sin muchas ganas, por cierto, todas las piezas de su juego de construcción.

-¿Esteban, Esteban, ¿qué es lo que tiene patitas?
-¡Cállate, bocazas, emigra! –contestó.
Javier no entendía mucho esa palabra, “emigra”, aunque ahora la oía en todas partes, en la panadería, en la tele…, pero una cosa estaba clara, cuando Esteban la decía significaba “¡Fuera!”
No le gustó nada y ahí terminó la conversación.

“Se lo preguntará a mamá, y me haré un nudo en el dedo para que no se me olvide” –volvió a pensar, y continuó trasladando juguetes y cuentos feliz en su nuevo trocito de habitación compartida.
Una tarde, mientras estaba haciendo prácticas de buceo en la bañera, pues, como le enseñó su padre: “¡siempre hay que aprovechar las obligaciones para aprender cosas nuevas!”, oyó de nuevo la frase misteriosa:
-¿Tiene patitas?
La voz venía de la habitación del abuelo, y ¡era su padre el que le decía!
¿Tiene patitas? –repetía.
“Esta vez no se me escapa” –pensó- “hoy lo sabré todo” –decía mientras salía
chorreando de la bañera.
Cuando terminó de secarse y de ponerse el pijama, a gatas se arrastró por el pasillo, como los indios de las películas de vaqueros que a él tanto le gustaban. Se movía silenciosamente para descubrir ese animalito que parecía vivía en su casa y él nunca había visto. Al llegar a la habitación del abuelo se paró en seco. Delante de sus narices había un par de pantuflas y un cinturón que colgaba de una bata a cuadros…: ¡El abuelo!

-¿Se puede saber qué haces? –refunfuñaba el abuelo- ¿No eres ya mayorcito
para gatear?
-Abuelo… ¿dónde están las patitas, puedo verlas, tienes un animalito?
-Gruuu, gruuuu –resoplaba el abuelo-, tonterías de tu padre… gruuu, gruu –
renegaba mientras se alejaba hacia la cocina, con una bandeja en la mano.
Encontró a su madre leyendo en el salón, y esta vez fue directo a preguntarle:
-Mamá, le he preguntado al abuelo, pero no me quiere contestar, ¿dónde están las patitas?, dímelo, dímelo, porfa…

Su madre dejó el libro y le acurrucó en su regazo.
-¡Ay, renacuajo… –decía mientras le arrullaba.
-Mamá, ¡las patitas!, hablamos de patitas…
-¿Y, dices que el abuelo no te ha querido contar…? Vaya, vaya… esto sí que es delicado… ¿Y, que papá le preguntó si tenía patitas, y que salió de la habitación con una bandeja en las manos…?
Vaya, vaya… estamos avanzando mucho…
-Mamá, ¡la patitas!
-Verás, Javier, si tú haces algo mal, ¿te gustaría que fueran por ahí tus amigos contándoselo a todo el colegio…?
-No, mamá –contestaba despacito Javier-.
Estaba tan calentito entre los brazos de mamá que ya no le importaban “las patitas”.
Allí siempre olía a rosas, hacía tiempo que no subía a su regazo y, cerrando los ojos para recordar ese momento, sin darse cuenta se quedó dormido.


De pronto, llegó el día de su cumpleaños, ¡cinco años! Con emoción se levantó temprano, y en ese mismo instante empezaron los besos y tirones de oreja. Hoy también tendría su comida preferida, así lo anunció su madre.

-Hoy Javier decidirá qué comeremos, ¡para eso es “su día”.
Javier estuvo mucho rato pensando. ¡Había tantas cosas que le gustaban!, dudaba entre la sopa de letras, eso sí, con todas, todas las letras, o el arroz con conchitas, ¡que su madre se empeñaba en llamar chirlas del cantábrico! Todos le riraban de una manera particular, era su cumpleaños y, además, ¡era domingo!
-¡Eso sí que es suerte! –dijo Ernesto, el mayor.
En la mesa también todo era especial, sus galletas preferidas de ositos le aguardaban.
Terminó rápido su desayuno y se levantó con decisión pensando en todas las cosas que iba a hacer ese día. Justo cuando estaba saliendo por la puerta oyó:
¿Tiene patitas?
Javier temblaba de emoción. ¡Eso sí que era suerte! Lo mejor que le podía pasar y precisamente hoy, el día de su cumpleaños.
Resolver el misterio. ¡Por fin!
Su madre, en bata todavía, le miraba con cariño, su padre sin afeitar y atento al tostador también se quedó paralizado, parecía que el mundo se había detenido.
Javier no podía reaccionar, seguía parado ante la puerta de la cocina.
-¿Qué, qué, qué…? –preguntó muy bajito.
-Pregunto… –repetía mamá muy suavemente- que si tu tazón tiene patitas.

Javier regresó a la mesa y contempló, como si fuera la primera vez en su vida, el gran tazón verde donde todas las mañanas nadaban las galletas. Lo miró despacio. Lo levantó del plato y le dio la vuelta, y aunque manchó el mantel con tres gotas de colacao, mamá no dijo nada.
-¿Patitas?, ¡pues no!, mamá, el mío no tiene… –contestó.
-¡Perfecto!, qué susto me había dado, -decía mamá llevándose la mano al
corazón- ¡tener en casa un tazó que anda! Entonces… –siguió hablando con su sonrisa más bonita-, ¿qué te parece si tú mismo lo recoges y lo dejas en la pila de fregar? Él solo no podría, ¡no tiene patitas!
Papá dejó el tostador y sonriendo dijo:Las cosas no tienen patitas, Javier, y si no las recogemos mamá sería las patitas de toooodas las cosas. Con los años, en vez de mamá sería un ciempiés. ¿A que no nos gustaría?


Javier, recogiendo el tazón del desayuno, también se reía y reía, feliz.

De los creadores del dibujo/diploma Todo Va a Salir Bien, hoy os traigo el dibujo de cómo ponerse la MASCARILLA.

Hace unos años que se juega mucho en las clases, con unos dibujos muy graciosos que primero enseñas una cosa, y al abrirlo se descubre otra. Suele hacerse con caras, pero también lo hay de regalos, animales,…

Bien, pues el otro día, gracias a Iván de la Cruz encontré el dibujo perfecto para hacerlo en clase con mis alumnos y alumnas, que había visto en el blog de Cassie Stephens

Una vez terminado el dibujo, cuando lo enseñes parecerá que llevas la mascarilla puesta, pero cuando lo abras…¡SORPRESA!

Podremos ver nuestra cara y mostrarnos al mundo tal y como somos. La pena es que no encontré el modelo para hacerlo con los míos de 1º de primaria. Así que me he puesto manos a la obra y he creado uno. El viernes lo haré en clase con mis alumnos y el fin de semana con mis hijos, en casa. Espero que os guste y que os sirva. Os dejo el enlace a los PDF.

Mi idea es que en la parte de dentro escriban palabras que les definan (Aventurero, inteligente, tímido, soñador,…) Así de este modo, además de recordar la norma de que hay que llevar la mascarilla puesta, trabajaremos la lectoescritura, que es objetivo número 1, en 1º de primaria.

¡Ya me contareis que tal los dibujos y las caras de vuestros peques en clase!

He pensado iniciar una serie de vídeos en mi nuevo canal de YouTube , sobre cuentos. Pero en este caso, será sobre cuentos matemáticos.

Por raro que parezca, las matemáticas se leen. Siempre lo he sabido, pero desde que trabajo con el Método Singapur en mis clases de matemáticas, lo tengo mucho más claro.

Este método matemático nos propone empezar siempre desde lo concreto, para que los niños y niñas puedan llegar a un pensamiento abstracto sobre lo que en ese momento se esté trabajando. Pues yo creo que no hay manera más bonita de empezar un nuevo concepto, que contando un cuento.

Como ya sabéis, estas navidades pasadas, estuve en La Biblioteca Pública José Hierro, del Ayuntamiento de Madrid y para empezar el taller, les conté un cuento: Los tres árboles de Navidad En esta ocasión les hablé de los triángulos: sobre sus lados, su forma, el tamaño,… y llegamos a lo abstracto casi sin darnos cuenta. Y desde ese día tengo en la cabeza seguir con esta idea.

Un libro

El cuento que os traigo hoy se llama Un libro, su autor es Hervé Tullet y el protagonista del cuento es un círculo, un círculo amarillo.

A través de ese círculo, se trabajan las figuras planas, la lateralidad, izquierda y derecha, la numeración, del 1 al 5, los colores rojo, amarillo y azul.

En todo momento el niño o la niña que está leyendo el cuento es protagonista directo de la historia, ya que para pasar cada una de sus páginas tendrá que seguir las instrucciones que le piden.

Siempre recordaré la cara de una de las compañeras de mi hijo, cuando fui a contarlo a su clase, el día de su cumpleaños: Ojos muy grandes, boca abierta y movimiento continuo en su sitio de la alfombra.

-¡Mágia, es magia! Gritaba continuamente.

Y sí, magia es ver la cara de felicidad de los niños y niñas al escuchar o leer el cuento y saber que sin que ellos se den cuenta están aprendiendo, reforzando o interiorizando conceptos matemáticos y durante toda su vida les ayudarán.

Por ahora tengo preparados otros dos cuentos: La idea más maravillosa y Ten Dirty Pigs, además del que ya subí sobre las figura geométricas: El señor cuadrado y sus amigos

Espero que todos estéis bien y recordad #YoMeQuedoEnCasa y así #TodoSaldráBien

Nos vemos en la próxima entrada 😀

Una vez que nuestros alumnos empiezan a leer, nos creemos que ya hemos conseguido lo más difícil y a partir de ahora todo será un camino de rosas. Pues estamos muy equivocados. Es en este punto en donde tenemos que conseguir que no se desenganchen.
Encontraremos a mucho niños que digan, ya se leer, perfecto, puedo seguir la lectura en clase y puedo comprender los problemas que me pone mi profesora, pero no me hagas leer en casa, ni me pongas como obligación leerme un cuento todas las noches. ¿Y qué hacemos ahí?
Pues os voy a a dar algunas soluciones que pueden veniros muy bien.
1. La lectura gamificada.
Les podremos hacer una cartilla con puntos y estaciones. Cada vez que se lean un libro conseguirán llegar a una nueva “estación”, y al terminar lograrán el premio final. Premio que yo recomiendo sea relacionado con la lectura ( regalarle un cuento, ir a un teatro, a una firma de libros, a la feria del libro, a ver un cuentacuentos, a un taller de lectura,…) Sea lo que sea, pero que a ellos les guste y les motive. OS dejo el enlace de una web que nos da muchas ideas.

https://unapizcadeeducacion.com/2017/11/10/carnets-lectores-y-cuaderno-de-lectura/
2. Los juegos on-line con misiones.
Parece que nos da miedo dejarles el ordenador, perom en ocasiones nos puede venir muy bien para trabajar algunos aspectos educativos, en este caso especialemnte la lectura. Hoy os traigo un juego en el que ellos serán los protagonistas y en el que para poder continuar deberán utilizar continuamente la lectura y si ingenio.

https://es.stardewvalleywiki.com/Stardew_Valley_Wiki

Y por ahí ahí lo dejamos, ya me contareis si os funciona.