Feliz #vueltaalcole
Hoy empieza el nuevo curso en la Comunidad de Madrid. Al estar de baja por maternidad, aun no me incorporo, pero eso no significa que no esté pensando en mis niños. En los que dejo y suben a tercero y en los que cojo en mi nueva clase de primero, en 1ºB.
Este año en mi cole empezamos con el lema Ven y Verás y estoy emocinada, ya tengo ganas de ir y ver que pasará.
Así que solo, mandaros muchas fuerzas y ánimo para superar estos primeros días que suelen estar llenos de un poquito de caos, aunque eso si, siempre bañados en risas y maravillosos reencuentros.

¡Feliz vuelta al cole!

El año pasado llegó a mis manos, a través de una mamá de los niños de mi clase, un libro muy educativo y perfecto para usar en Educación Inantil y el Primer Ciclo de Primaria, aunque se puede adaptar a otras edades.

cuentos-para-portarse-bien-en-el-colegio

El libro se llama Cuentos para portarse bien en el colegio, de Jeús Jarque García. En él, encontramos 26 cuentos, cada uno de ellos para para trabajar distintas HHSS. Hoy os traigo el cuento del Conejo Bermejo, que yo utilizo en clase cuando tengo algún charlatán que no deja escuchar a los demás.

El Conejo Bermejo
Había una vez una vez un conejo que tenía (los años de los niños de tu clase) y estaba en clase de (aquí podéis decir vuestra clase). Se llamaba Bermejo.
El conejo Bermejo era muy simpático y tenía muchos amigos en su clase. Pero había una cosa que no hacía bien.

Cuando la señorita Doña Coneja explicaba cómo se hacía una ficha, el conejo Bermejo nunca la escuchaba; empezaba a mirar para todas partes y se ponía a hablar con otro conejito que tenía al lado.¿ Y sabéis lo que pasaba ?

Que ni Bermejo ni el otro compañero se enteraban de cómo se hacía y luego la ficha la tenían que repetir para hacerla bien, mientras los otros conejos ya podían ponerse a jugar.
Eso también le pasaba cuando la “seño” contaba un cuento.

Tampoco escuchaba a sus compañeros cuando contaban sus aventuras en la asamblea.
Los conejitos estaban hartos de que Bermejo no parase de molestar.
Un día, Bermejo fue con sus papás al zoo: vio muchos animales y se lo pasó muy bien.
Al día siguiente, Bermejo quería contar a la “seño” y a los demás conejitos su aventura en el zoo.

conejo bermejo

Todos en el borde de la alfombra, ya estaban colocados y Bermejo se puso a hablar… pero los demás conejitos no le hacían ni caso y Bermejo empezó a enfadarse y a decir:
-¡Eh! ¡Silencio! ¡Escuchadme!

Pero ni caso. Casi llorando le dijo a su señorita:

¡Señorita! No me escuchan y no puedo contar mi aventura en el zoo.

Entonces una conejita alzó la mano y dijo:

-Señorita, no queremos escucharle, porque cuando Usted explica, Bermejo no la escucha y charla, cuando nosotros queremos contar algo, tampoco nos escucha, así que ahora nosotros no queremos escucharle a él.

Bermejo se puso muy triste porque se dio cuenta que tenían razón: él nunca escuchaba y si alguien estaba hablando él se ponía a charlar. Ahora comprendía cómo se sentía los demás cuando él charlaba.

Se fue a su casa muy triste y su mamá le dijo -¿Qué te pasa Bermejo?

Bermejo se lo contó todo a su mamá.

La mamá le dijo que si él no escucha y molesta, los demás ahora no querían escucharlo a él.

Su mamá le enseño un truco:

-A partir de ahora, cuando alguien cuente una cosa, lo miras a los ojos y lo vas a escuchar, y no vas a charlar con nadie.

Si alguien te quiere hablar tu le haces (gesto del silencio) y sigues escuchando. ¿Entendido?

Al día siguiente, en la clase se puso a escuchar a su “seño”, también a sus compañeros. Si algún conejito hablaba él (hacía el gesto del silencio).
Todos los días hacía el truco que le había enseñado su mamá.Al principio le costaba mucho trabajo, pero poco a poco lo fue consiguiendo.Y Así se enteraba de las fichas y todo lo que enseñaba su “seño”.

De esta manera Bermejo volvió a estar contento en el colegio.

Buscando actividades para realizar y reforzar con mis chicos las decenas…

He encontrado este bonito cuento de Luz del Olmo. Por supuesto, no lo he dudado ni un segundo en enseñároslo, aquí os lo dejo:

 

Las Unidades que llegaron a ser Decenas

En un lugar muy frío de cuyo nombre no puedo acordarme, vivían los números que conocemos: 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9. Ellos caminaban solos y estaban contentos porque todos tenían su nombre. Pero un día el 1 se puso a llorar:

-¿Por qué lloras? – Le preguntaron el resto de los números.

-Porque tenemos nombre, pero nos falta el apellido.

-Es verdad- dijeron todos a la vez.- No tenemos apellido.

Mientras los números caminaban solos por aquellos lugares tan fríos, pensaban y pensaban. Hasta que de pronto, el 1 dijo:

-Ya sé… ya tengo apellido, me llamaré “una unidad”.

Entonces el 0 dijo:

-Qué bien entonces yo seré ”cero unidades”

Ahí mismo dijo el 2:

– Yo me llamaré “dos unidades”.

Y así siguieron tres unidades, cuatro unidades, cinco unidades, seis unidades, siete unidades, ocho unidades y nueve unidades, y todos se dieron cuentan que eran de la misma familia, porque tenían el mismo apellido.

Algún tiempo después, todos los números se sentían muy bien en aquel país del frío de cuyo nombre no puedo acordarme, pero todavía se sentían solos. Hasta que un día, a una unidad (que era el número 1) se le ocurrió juntarse con el “cero unidades” para jugar y caminar juntos, y se dieron cuenta que podían formar otro número que como ya saben, se llamó 10.

Pero a 1 le gustó tanto, que después se juntó también con otro 1 que por allí pasaba y formaron el 11, y después lo hizo con el 2 y formó el 12 y así hasta formar el 13, el 14, el 15, el 16, el 17, el 18, el 19 y descubrieron que era muy divertido hacer las cosas entre los dos.

Pero la felicidad no es completa. Mucho después el número 1 se entristeció de nuevo, porque el 10 no tenía apellido. Otra vez el resto de los números tuvieron que pensar y pensar, hasta que el mismo 10 se dio cuenta y llamó a los otros:

– Ya lo tengo!. Si yo me llamo diez y soy diez cosas, me llamaré “decena”

-Bien!-dijeron los otros, pero entonces…

– ¿Nos quitamos el apellido “unidades” cuando estemos juntos?

-Noooooo!-

Dijo el 10- No!.

– Yo por ejemplo, seré una decena y 0 unidades

– Y yo? -dijo el número 11, ¿Cómo me llamaré entonces?

-Muy fácil- explicó el número 10. Tú serás una decena y una unidad

– Y ¿Yo?- dijo el 12 que sabía que siempre iba detrás del 11

– Tú serás una decena y dos unidades le dijo el 10

– Ya sé -dijo el 13- entonces yo seré una decena y tres unidades

-Es muy fácil- dijo el 14- yo una decena y cuatro unidades

-Sí, sí,-dijo el 15- siempre que esté el 1 va a ser una decena porque hay diez cosas juntas y luego, cinco, seis, siete, ocho o nueve unidades.

-Bien bien!! Gritaron porque ya todos lo habían entendido.

Y desde entonces en aquel país del frío hizo más calor, porque los números habían crecido. Las unidades ya sabían cómo convertirse en decenas.