Esta mañana hemos empezado a trabajar nuevamente las decenas y como os conté, estamos con un nuevo método en clase. Para trabajarlas de forma muy visual, nos sugerían hacerlo con palos de polo. Juntar 10, atarlos con una goma y así formar decenas. Pero esta mañana, no tenía palos de polo en clase.
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Lo que si tenía era un tapper por niño con 10 tapones en su interior. Así que por equipos, hemos jugado a formar números trabajando las decenas y unidades. Os explico como:

1. He dividido la clase en tres grupos (quedando grupos de 8 niños).
2. Les he repartido los tapper con sus tapones.
3. Les he dado 10 tapones más sueltos y sin tapper para que fueran las unidades. Por grupos tenían 8 decenas y 10 unidades sueltas.
4. Hemos pintado en el suelo de la clase tres líneas con tiza (una para cada equipo).
5. Y hemos empezado a jugar:
Les he dicho: -2 decenas + 23 unidades =
6. Tenian que pensar en grupo cuánto daba el resultado. Cuando llegaran a él, completar el resultado en la línea del suelo.
7. Han puesto 4 tappers (uno detrás del otro encima de la línea) y 3 tapones sueltos (también en la línea).
8. Luego un representante del equipo me tenía que explicar como lo habían hecho y listos para el próximo reto.
9. Al final, para no darle protagonismo al grupo ganador, todos han recibido su premio.
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La verdad es que todos nos lo hemos pasado muy bien. Así, que… ¡¡Mañana repetimos!!

Buscando actividades para realizar y reforzar con mis chicos las decenas…

He encontrado este bonito cuento de Luz del Olmo. Por supuesto, no lo he dudado ni un segundo en enseñároslo, aquí os lo dejo:

 

Las Unidades que llegaron a ser Decenas

En un lugar muy frío de cuyo nombre no puedo acordarme, vivían los números que conocemos: 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9. Ellos caminaban solos y estaban contentos porque todos tenían su nombre. Pero un día el 1 se puso a llorar:

-¿Por qué lloras? – Le preguntaron el resto de los números.

-Porque tenemos nombre, pero nos falta el apellido.

-Es verdad- dijeron todos a la vez.- No tenemos apellido.

Mientras los números caminaban solos por aquellos lugares tan fríos, pensaban y pensaban. Hasta que de pronto, el 1 dijo:

-Ya sé… ya tengo apellido, me llamaré “una unidad”.

Entonces el 0 dijo:

-Qué bien entonces yo seré ”cero unidades”

Ahí mismo dijo el 2:

– Yo me llamaré “dos unidades”.

Y así siguieron tres unidades, cuatro unidades, cinco unidades, seis unidades, siete unidades, ocho unidades y nueve unidades, y todos se dieron cuentan que eran de la misma familia, porque tenían el mismo apellido.

Algún tiempo después, todos los números se sentían muy bien en aquel país del frío de cuyo nombre no puedo acordarme, pero todavía se sentían solos. Hasta que un día, a una unidad (que era el número 1) se le ocurrió juntarse con el “cero unidades” para jugar y caminar juntos, y se dieron cuenta que podían formar otro número que como ya saben, se llamó 10.

Pero a 1 le gustó tanto, que después se juntó también con otro 1 que por allí pasaba y formaron el 11, y después lo hizo con el 2 y formó el 12 y así hasta formar el 13, el 14, el 15, el 16, el 17, el 18, el 19 y descubrieron que era muy divertido hacer las cosas entre los dos.

Pero la felicidad no es completa. Mucho después el número 1 se entristeció de nuevo, porque el 10 no tenía apellido. Otra vez el resto de los números tuvieron que pensar y pensar, hasta que el mismo 10 se dio cuenta y llamó a los otros:

– Ya lo tengo!. Si yo me llamo diez y soy diez cosas, me llamaré “decena”

-Bien!-dijeron los otros, pero entonces…

– ¿Nos quitamos el apellido “unidades” cuando estemos juntos?

-Noooooo!-

Dijo el 10- No!.

– Yo por ejemplo, seré una decena y 0 unidades

– Y yo? -dijo el número 11, ¿Cómo me llamaré entonces?

-Muy fácil- explicó el número 10. Tú serás una decena y una unidad

– Y ¿Yo?- dijo el 12 que sabía que siempre iba detrás del 11

– Tú serás una decena y dos unidades le dijo el 10

– Ya sé -dijo el 13- entonces yo seré una decena y tres unidades

-Es muy fácil- dijo el 14- yo una decena y cuatro unidades

-Sí, sí,-dijo el 15- siempre que esté el 1 va a ser una decena porque hay diez cosas juntas y luego, cinco, seis, siete, ocho o nueve unidades.

-Bien bien!! Gritaron porque ya todos lo habían entendido.

Y desde entonces en aquel país del frío hizo más calor, porque los números habían crecido. Las unidades ya sabían cómo convertirse en decenas.