Matemáticas

PISA 2025: qué nos enseña Singapur sobre aprender matemáticas

Comparación editorial de los 563 puntos de Singapur y los 463 puntos de media de la OCDE en matemáticas en PISA 2025

El 8 de septiembre de 2026 la OCDE publicó los primeros resultados de PISA 2025. El titular general no es precisamente tranquilizador: la media de los países de la OCDE ha vuelto a bajar en matemáticas y lectura. Pero, dentro de ese panorama, Singapur vuelve a situarse entre los sistemas educativos con mejores resultados del mundo.

Para quienes trabajamos con el llamado Método Singapur, el dato llama la atención. Ahora bien, quiero mirarlo con cuidado: PISA no certifica una metodología ni permite decir que un único método sea la causa de una puntuación. Lo que sí hace es abrir una conversación muy necesaria sobre qué matemáticas enseñamos y para qué.

Los datos de Singapur en matemáticas

PISA evalúa a estudiantes de 15 años y observa hasta qué punto pueden aplicar lo aprendido a situaciones y problemas. En 2025 participaron más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías; ciencias fue el área principal, mientras que matemáticas y lectura fueron áreas secundarias.

PISA 2025 · Matemáticas

Singapur
563
Media OCDE
463
89 %alcanza al menos el nivel 2 en matemáticas
37 %llega a los niveles 5 o 6, los más altos

La comparación es contundente: en la media de la OCDE, el 65 % alcanza al menos el nivel 2 y solo el 8 % llega a los niveles 5 o 6. En esos niveles superiores el alumnado es capaz de modelizar situaciones complejas y de seleccionar, comparar y evaluar estrategias de resolución.

También hay que contar el dato menos cómodo: Singapur baja de 575 puntos en 2022 a 563 en 2025. Sigue siendo un resultado extraordinario —el segundo más alto entre los sistemas con datos de matemáticas—, pero no conviene convertir ningún ranking en una fotografía perfecta.

¿Qué tiene que ver esto con el Método Singapur?

El currículo oficial de Matemáticas de Singapur sitúa la resolución de problemas en el centro. A su alrededor articula cinco componentes que se necesitan mutuamente:

  • conceptos, para comprender propiedades y relaciones;
  • destrezas, para operar, visualizar, medir y utilizar herramientas;
  • procesos, como razonar, representar, comunicar, aplicar y modelizar;
  • metacognición, para observar y regular el propio pensamiento;
  • actitudes, como la confianza, el interés y la perseverancia.

No se trata solo de llegar a una respuesta. Se trata de comprender el camino, poder explicarlo y elegir una estrategia con sentido.

Ahí encuentro la conexión más valiosa con PISA. La prueba no pregunta únicamente si un estudiante recuerda un algoritmo; busca saber si puede reconocer la matemática de una situación, representarla, tomar decisiones y resolverla. Son capacidades muy próximas a las que el marco curricular singapurense declara como centrales.

Por eso trabajo así en mi aula

Yo no llevo el Método Singapur a clase porque un país aparezca arriba en una tabla. Lo utilizo porque pone el razonamiento y la resolución de problemas en el centro y porque convierte al alumnado en protagonista de su aprendizaje.

En el aula manipulamos, representamos, conversamos y llegamos después al lenguaje matemático abstracto. Comparamos procedimientos. Pedimos que expliquen por qué. Dejamos espacio para que aparezcan caminos diferentes hacia una solución. El material no es un adorno y el modelo de barras no es una receta: son puentes para pensar.

Este enfoque también me obliga como maestra a escuchar más. Cuando un niño o una niña representa una cantidad, defiende una estrategia o detecta que algo no encaja, puedo ver su pensamiento y acompañarlo mejor que si solo corrijo un resultado final.

Así trabajo el Método Singapur en el aula →

Lo que PISA sí dice y lo que no

Sí dice que Singapur mantiene un rendimiento matemático excepcional y que una proporción muy alta de su alumnado alcanza niveles avanzados de competencia. También sabemos, por su currículo oficial, que el sistema concede un lugar central a la comprensión, los procesos y la resolución de problemas.

No dice que esos 563 puntos sean consecuencia exclusiva del «Método Singapur». En los resultados influyen el currículo completo, la formación y el trabajo del profesorado, los apoyos, la organización del sistema, el contexto social y cultural y muchas otras variables que PISA no puede aislar como en un experimento.

Por eso mi conclusión no es «hay que copiar a quien gana». Es otra: merece la pena aprender de una forma de enseñar que busca profundidad, comprensión y estrategias antes que recetas sin sentido.

Una pregunta para nuestra clase de mañana

Cuando el rendimiento matemático cae en tantos sistemas, quizá la respuesta no sea hacer más páginas de operaciones. Quizá debamos preguntarnos si damos suficiente tiempo para tocar, representar, hablar, equivocarse, revisar y comprender.

Los resultados de PISA 2025 no cierran el debate. Pero sí vuelven a recordarme por qué quiero enseñar matemáticas de esta manera.

Fuentes consultadas